Llega un momento y ya te la crees, no necesariamente porque realmente suceda sino que vives bloqueando una idea que te atormenta día a día, no sé si sea ganas o curiosidad, ya no sé si es mentir o la verdad. Sólo es como mencionar que está mal y lo crees al mencionarlo.
Prefiero no decirtelo y evitar daños, pero a la vez es inevitable sentirme así, no es que tú seas el problema o lo sea yo, tampoco es cuestión de echar culpas a las circunstancias. Ya sé que tú estás allá contigo y pues yo acá, conmigo.
Podría resumirse de mil maneras pero siempre encuentras analogías que derivan a un simple hecho que te carcome por dentro, de a pocos...
De repente ya no sabes hacia dónde vas con la situación y te encuentras en un remolino de emociones que casi no te permiten pensar en otra cosa, sabes que estás bien sola, sabes que no necesitas a nadie más que a ti y a la brisa del viento, conoces las maneras precisas de hacerte sonreir y disfrutar el pasto en tus pies descalzos, así estés en cualquier lugar que no sea natural.
Y pues pasa el tiempo y es inevitable aceptar lo que sucede en tu cabeza, que ha tomado posesión completa de ese corazón cansado por el tiempo de la no existencia, vives la vida en función a un sueño que ahora ves desvanecerse cada vez más, pero de vez en cuando siempre recuerdas, tal vez sin éxito muchas veces, aquel momento en el cual creías que todo era posible, cuando la situación era tan perfecta en tu cabeza que el corazón tomaba posesión de tu cuerpo y sólo sentías y sonreías al imaginarlo.
Pero paras en seco y regresas al presente y escuchas esa voz en tu interior diciendote: "Ya me cansé", ya estás cansado de esperar, ya estás cansado de vivir en base a un simple recuerdo, una memoria que duró lo que demora el paso de las manecillas de reloj en 30 segundos. No puedes liberarte de tus pensamientos, de ese sentimiento extraño del no llenarte por lo que en un pasado sucedió, de necesitar presentes que borren todo rastro del no haber existido, de no haber aportado, del no haber sentido esfuerzo alguno por mantenerte en su vida.
Y te vas y lo dejas de a pocos, y tus sentimientos se rinden y abandonan, y tu corazón guardado en aquel bolsillo de un pantalón cortado con las tijeras del pasado se desvanece, se corroe solo, se vuelve un holograma, así ves que se te olvida su voz, sus ojos, su temperatura, el brillo de sus cabellos, y aunque te esfuerces por recordarlo ya no es igual, ahora el sueño compartido se ve cubierto por realidad, por resentimiento o falta de comprensión y te repites constantemente: Ya falta poco. Pero a veces ni eso es suficiente.
Me gustaría decirte que el te extraño pesa con tanta fuerza como antes, prometerte que todo va estar bien y que emprenderemos un viaje juntos hacia la eternidad, pero mi corazón no lo permite, yo no miento, sólo acepto.
Y tú... tú ni lo notas.
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